04 abril 2018

Pequeñas cenicientas de Rimkieta


“Por la mañana prontito, salgo a buscar agua a la fuente. De vuelta a casa, lavo al bebé de 8 meses de mi tía con la que vivo, y cargada con él a mis espaldas, barro la casa y el patio, y limpio los platos. Después voy al mercado, a comprar las verduras, y ayudo a mi tía a cocinar. Por la tarde, cuando vuelvo de la FAR, vuelvo a barrer la casa, lavo la ropa y después de cenar, lavo los platos. (SK, 10 años).

Vuelta a casa, cargando con dos bidones y
cuidando a un primito
A las 06h30 de la mañana, cuando la mayoría empieza a amanecer aquí en Burkina, las pequeñas cenicientas de Rimkieta, están deseando volver a meterse en la cama. A esas horas tempranas, ya han ido a la fuente a buscar agua y han cargado con ella hasta casa, y al mercado a comprar los condimentos del día, y empezarán a limpiar la ropa de toda la familia y la casa. El resto de la mañana, la pasarán encargándose del cuidado de sus hermanitos o primitos pequeños de pocos meses de vida. Al mediodía, ayudarán a preparar la comida, lavarán los platos, y por la tarde, volverán al cuidado de sus hermanitos o primos, y de las tareas domésticas, hasta la hora de irse a dormir.

Esta es la rutina de muchas niñas en Burkina, sometidas a una explotación laboral doméstica aquí que no se considera como tal... Menores de entre 6 y 15 años, la mayoría de zonas rurales, huérfanas, o provenientes de familias sin recursos y analfabetas, que para tener otro sustento económico, envían a sus hijas a la ciudad, a trabajar en casa de algún familiar o conocido de la familia, siempre sin acceso a la escuela, y a menudo, sin recibir la alimentación ni los cuidados apropiados.

Hora de limpiar la ropa
Para intentar proteger a estas niñas, la FAR ideó el proyecto de “Formación de niñas sin escolarizar”. Cada año, 20 nuevas niñas, cada una de ellas con historias similares, historias de niñas a las que les roban la niñez.
Algunas historias tienen un “final feliz”, como Lorantine, que tiene 9 años y, después de su paso el año pasado por la FAR, donde recibió formación básica, este año ha sido escolarizada. Es una niña de una familia con graves dificultades económicas, madre viuda, con 5 hijos, el mayor de 11 y el pequeño de 3… Antes de entrar en el proyecto de la FAR, Lorantine, la única “mujercita” de los 5 hermanos, y a la que su madre no podía escolarizar, por falta de medios, era la que se encargaba de todas las tareas del hogar, y del cuidado de sus hermanos pequeños. Una vez en la FAR, y después de un año de sensibilización, conseguimos que la madre disminuyera las tareas, para que pudiera compaginarlas con el colegio. Una niña con un muy buen comportamiento y actitud, dulce y algo tímida, que, de la noche a la mañana, empezó a llegar tarde cada día, a dormirse en clase, y a estar irritable, e incluso agresiva…
Volviendo del mercado de comprar
condimentos, al cuidado de mi hermanita
“Ya no vivo en casa, desde hace unas semanas me han enviado a vivir con una vecina del barrio para ocuparme de la trabajos de la casa. La mujer es buena conmigo, pero yo no quiero vivir con ella, quiero estar con mi madre y mis hermanos. Mi padre no, porque murió. Hace un par de días me escapé y volví a mi casa, pero mi madre me obligó a volver a la casa de esa mujer, porque ella le da a mamá algo de dinero por mi trabajo, para la comida de mis hermanos”.
 
Inmediatamente fuimos a hablar con la madre de Lorentine, que nos confirmó lo que la  niña nos había contado. Le pedimos que pensara en lo mejor para la niña, que estaba visiblemente afectada por tener que separarse de su familia, y cuyos rendimientos escolares estaban bajando, además del peligro de que la niña anduviera escapándose de una casa a la otra. Su madre se negó a que Lorantine volviera a casa, justificándose en su pobreza. Desde el fallecimiento de su marido, ella cava arena, bajo un sol abrasador, para venderla para hacer ladrillos de adobe, y con lo poco que saca de un trabajo muy duro, poder alimentar a sus 5 hijos. Y lo poquito que sacaba con la cesión de “Lorantine” en casa de la vecina le venía muy bien. Pero con mucha comprensión, paciencia y cariño y después de varios días de intentona, la convencimos y Lorantine ha vuelto a casa y su comportamiento en clase ha vuelto a la normalidad.

Un futuro en la FAR
Lorantine ha tenido la suerte que la gran mayoría no tiene… viéndose obligadas a dejar a sus familias para ejercer de “Cenicientas” de alguna familia de acogida. Y cuando la niña crezca, su futuro sólo pasará por un matrimonio forzado con algún hombre mayor…Una encuesta de UNICEF de 2016 estima en un 51,6% la tasa de matrimonios forzados de niñas menores de 17 años en Burkina Faso…

La ecuación matemática está clara: “Niñas + Formación (en escuelas o talleres) = Mujeres formadas que saben que pueden elegir = Disminución del % de matrimonios forzados = Disminución de embarazos precoces = Disminución de partos complicados debido a la edad de la niña = Disminución de la mortalidad maternal e infantil”

La ecuación, por tanto, es simple: “Niñas + Formación”, y ese es el objetivo de nuestro proyecto que tenemos el privilegio de poder llevar a cabo de la mano de la Fundación Mujeres por África, y en el que actualmente tenemos 112 “Lorantines” que tendrán un final feliz, sin príncipe azul, que al fin y al cabo, ¡no es necesario para ser feliz!  

3 comentarios:

Gonvado dijo...

Desgarrador. Desde el primer mundo me/nos resulta sino imposible muy difícil encajar esa realidad, más aún cuando afecta a la infancia y especialmente al desarrollo de las niñas. Hadas que, como bien dices, no necesitan príncipes sino seres humanos con esa bondad que mostráis para tratar de sacarlas de su miseria y sus gravísimas carencias. Gracias una vez más. Que Dios os bendiga.

Manuel Balseiro González dijo...

Es difícil encontrar palabras para describir el dolor que producen estas situaciones, pero también la esperanza que surge del esfuerzo de gentes como vosotros que, caso a caso, ayudáis a superar. Dios está con vosotros ¡Seguro! Mucho ánimo, y ... ¡Gracias!

Violeta Fuenzalida dijo...

Es una tristeza infinita que en el siglo 21 todavía existan estas carencias en el mundo y que las niñas y mujeres siempre tengan que sacrificar su futuro por ayudar a sostener a su familia, que Dios las bendiga siempre por tan loable trabajo, un abrazo